sábado, 1 de septiembre de 2012

NACIMIENTO DE UNO DE SUS AMORES: MARCOS

 EN  UN DÍA  COMO HOY NACIÓ UNO DE LOS GRANDES AMORES DEL PROFESOR ALBERTO METHOL FERRÉ: SU HIJO MARCOS. 

IMAGINAMOS LA ALEGRÍA  AL VER LA CARITA DE SU HIJITO.Y PENSAMOS QUE ESTE HOMBRE INTELIGENTE Y CULTO, TIENE QUE HABER VOLCADO MUCHA TERNURA EN ESTE SER QUE HABÍA TRAIDO AL MUNDO. AL QUE  POSTERIORMENTE CON LOS AÑOS SIGUIERON  DOS HIJOS MÁS.

FELICIDADES PARA MARCOS Y QUE SIGA SIENDO UN HOMBRE DIGNO DEL QUE LO PRECEDIÓ,.Y EL  ARCHIVO VIVIENTE DE LOS  MEJORES ACTOS DE METHOL FERRÉ , HACIENDO CAMINO AL ANDAR COMO DIJO EL GRAN POETA ESPAÑOL ANTONIO MACHADO. . 







domingo, 12 de agosto de 2012

¿¿¿"DEPORTES SI, DEPORTISTA NO”.????





“Dios existe, sin embargo, en la idea del bien  que vela el nacimiento de cada ser, y deja en el alma que se encarna en él una lágrima pura. El bien, es Dios. La lágrima es la fuente de sentimiento eterno.”

“Lo pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo que fue está en lo que es”

Con estas frases del Apóstol de Cuba, José Martí, quien se consideró hijo del país de la República Oriental del Uruguay y quien fue su Cónsul honorario en el siglo 19, queremos seguir honrando la figura de Alberto Methol Ferré.  intelectual, profesor e historiador uruguayo conociendo más sobre su vida y de esa forma hacer germinar su camino por la vida en las nuevas generaciones, las cuales  seguramente en estos días han visto parte de la más  famosa fiesta del Deporte,  la Olimpiada, en este caso, de  este 2012, que acaba de concluir.¡¡Felicidades a todos los deportistas, que nos han deleitado con su actuación ganaran o no las medallas!!.

 "DEPORTES SI, DEPORTISTA NO”.???

“Tucho fue un entusiasta deportista. Desde joven frecuentó el Rowing Club de Montevideo donde practicaba boxeo y remo. Allí conoció a Guillermo Fernández, quien sería no solamente un formidable artista-pintor, sino su amigo inseparable. Aprendió boxeo "para perderle miedo al golpe" y porque dada su tartamudez adolescente era proclive a tener riñas con el que se mofara de su lapsus. Navegaban junto a Guillermo en la bahía del Cerro de Montevideo, la misma que enmarcó sus largos años como empleado portuario. El padre de Tucho, Don Alberto Methol, le repetía una frase: "deportes sí, deportista no". La explicación radicaba en que la vida del deportista llega a su mayor éxito y su plenitud cuando todavía uno es muy joven, lo cual atenta contra la natural madurez de las personas. Conozco esta explicación porque fue la misma que me dijo Tucho cuando yo dedicaba la mayor parte de mis horas a jugar al fútbol a diario. Posiblemente los tiempos han cambiado y las posibilidades hoy son otras para el deportista, pero supongo que hay una cuestión de fondo que es en verdad a lo que hacía referencia Don Methol, que es el peligro del éxito prematuro, sea para la actividad que sea. 

Hablando de fútbol, Tucho era hincha de River Plate uruguayo, del darsenero rojiblanco. Fue siendo niño que su padre lo llevó a ver a su equipo Nacional contra River Plate (con la evidente pretensión de tener un nuevo hincha "bolso"). Sin embargo la jugada le salió mal. Tucho vio a los jugadores de River Plate "muy chiquitos" respecto a los fornidos jugadores de Nacional y se le hizo hincha de River desde ese momento. Esto no significó un distanciamiento sino todo lo contrario. Don Alberto padre lo hizo socio de River y se hizo él también socio, y fueron a ver todos los partidos del equipo en el campeonato, de local y visitante. Fue en esas visitas que Tucho conoció las canchas y los barrios de Montevideo. Un recuerdo que conservó muy fresco hasta sus últimos años.


Marcos Methol Sastre

jueves, 9 de agosto de 2012

"MÍRAME. SI ALUMBRO, ES PARA ENSEÑAR QUE DE LA INMORTALIDAD SE VUELVE SIEMPRE"....ARTIGAS O LA ESFINGE CRIOLLA


Artigas o la esfinge criolla
FUENTE : CENTRO DE ESTUDIOS JAURETCHE, ARGENTINA
: 08 Aug 2012 07:03 PM PDT

"Mírame. Si alumbro, es para enseñar que de la inmortalidad se vuelve siempre”.


Artigas vuelve, a esta altura dramática del proceso nacional latinoamericano, a constituir una candente línea divisoria. Se me hace que una gran batalla –por todas las dimensiones de la conciencia del país y en tiempos tan próximos que son casi presente–, se dirimirá nuevamente en torno suyo. Y no por azar, sino porque ello está inscripto en la fatalidad, en el sentido del movimiento y ser de nuestras cosas.
En cada gran viraje de nuestra historia, cuando urge reasumir lo que hemos sido y queremos ser, el Uruguay se topa irremediablemente con Artigas y está constreñido a formularle su respuesta, a dilucidar su acertijo. Un acertijo latente, grave, desde los treinta silenciosos años de exilio en la selva paraguaya. Pues Artigas es el guardián de nuestro secreto nacional, la llave peligrosa de un destino incumplido.
Mayo contra Artigas
Se trata de trazar la significación esencial de Artigas, y ello nos lleva a su contexto histórico concreto.
Veamos primero la circunstancia que envuelve al proceso latinoamericano y rioplatense. Entonces era Europa el centro mundial del comercio, y aparecían los primeros síntomas de la revolución burguesa industrial, como formidable emergencia sobre todo un planeta fundamentalmente agropecuario. Estaba en tren de decisión la lucha secular entre los “tres grandes” europeos, España, Francia e Inglaterra. España se deslizaba hacia un segundo orden, desangrada sucesivamente por sus dos rivales, que la jaqueaban, y se escindía íntimamente entre “anglófilos” y “afrancesados”, síntoma de la pérdida de su rectoría política. De su progresiva dependencia alternativa respecto a sus dos adversarios.

España había realizado un gigantesco esfuerzo colonizador que paradójicamente había debilitado a su burguesía y revitalizado su estructura feudal, cada vez más parasitaria de la Corona. Esto le hizo perder terreno, separada además por una cicatriz oceánica de su reino americano. La incertidumbre del océano, expuesta a la piratería holando-franco-inglesa, le obligó al pesado procedimiento de los “convoyes” con ruta a un solo puerto. Recién con los Borbones se realiza el postrer intento de fortificar a la burguesía peninsular y se abre una “libertad inter-imperial” que acelera las exigencias de desarrollo conjunto. Pero ya el ritmo de la historia le rebasaba. La parábola que corre entre las dos derrotas de la “Armada Invencible” y Trafalgar estaba por cumplirse. Los mares ya no le pertenecían, eran “libres” vehículos del “libre comercio”, o sea, ingleses.
Los fuertes son librecambistas, los débiles proteccionistas. No hay desarrollo autóctono sin protección. Y el célebre monopolio español era la barrera proteccionista que procuraba amparar su propio desarrollo, en un mundo económico que le superaba. La herida congénita a la protección es el contrabando. Siempre ha sido así. Pero finalmente dos hechos determinan la quiebra final del sistema: Trafalgar y luego la ocupación francesa de Napoleón. Y esto no sólo hace “caducar” a la autoridad monárquica sino, lo que es más profundo, a la propia estructura económica metropolitana en su relación con la zona americana. Un vacío tremendo que reclama suplencia. Y simultáneamente el “bloqueo continental” decretado por Francia, hace que para Inglaterra, en pleno ascenso productivo, la emancipación de América del Sur, se convirtiera en “el objeto más grande a que debía atender y casi el único medio de salvarse” (Lord Grenville). América del Sur e Inglaterra, recíprocamente vacantes de mercado, se encontraban definitiva e inevitablemente.
Tal la circunstancia álgida de Mayo. Bajo el imperio de tales acontecimientos toda la estructura de América del Sur entra en súbita crisis. Un sistema decapitado que buscaba readaptarse a la nueva coyuntura, y esta era inglesa. Tal cambio sería un proceso trágico y turbulento, pues generaba nuevos poderes y arrasaba otros. La mal intitulada “siesta colonial” se trasmutó en pesadilla, guerra civil, luego independencia y finalmente disgregación balcanizadota. Los fracasos nacionales de Bolívar, San Martín y Artigas son su símbolo, y los beneficiarios nativos una pluralidad de oligarquías comerciales vinculadas a la City. Pero limitémonos a la situación rioplatense.
La Junta de Mayo de 1810 fue un golpe de estado porteño contra la autoridad Virreinal que, de jure y de facto, había caducado con la estructura económico-institucional que la sustentaba desde España. Sin ese contrapeso, Buenos Aires podía intentar reducir a su dependencia todo el resto del Virreinato, al Interior y al Litoral. De tal modo, se apresuró por sí y ante sí para asumir una soberanía que radicaba en todas las Juntas del país. Pero todavía no era tan fuerte, y necesitaba legitimarse por el consentimiento general. La “provisoriedad” de la Junta era síntoma de una legitimidad renga. Así, el golpe municipal de Mayo fue en sí mismo “unitario” y punto de arranque de todos los conflictos en el Río de la Plata, incluso en la separación del Paraguay, Uruguay y Bolivia.
La disgregación de la autoridad y el poder monárquico español toma, como primera faz, el conflicto de “juntistas” y “regentistas”. Es todavía guerra civil hispanoamericana. En ese momento hace su entrada al escenario José Artigas.
Artigas opta por el “juntismo”, pero a una hora precisa. Buenos Aires estaba controlada –efímeramente–  por la Junta Grande y no por Moreno. ¿Qué significa? Vale la pena detenerse aquí, pues desde ya apuntan las grandes líneas de la historia rioplatense. Dejamos de lado el análisis del “regentismo” que pronto se diluye en el “juntismo” (caso Paraguay), desbordado por la vertiginosa transmutación de la guerra civil en proceso de Independencia. Y la guerra de Independencia se convierte simultáneamente en guerra civil rioplatense, es decir, para ajustar el léxico, se transforma de asunto hispanoamericano en latinoamericano. Por ello, justamente, será en la contradictoria dialéctica del “juntismo” que está germinalmente contenida toda la historia posterior.
El “numen” de Mayo fue Moreno, vocero de la oligarquía comercial porteña instrumento de Inglaterra, la que culmina así un proceso iniciado en nuestra playas desde la Colonia del Sacramento. Los mercaderes del “librecambio” querían extender su dominio definitivo por todo el país y el “terror” morenista era su expeditivo camino.  Se trataba de liquidar rápidamente los obstáculos provinciales. Ya en la discusión de 1809 los motejados “monopolistas” habían advertido al comercio liberal: “las artes, la industria, y aún la agricultura llegarían al último grado de desprecio y abandono; muchas de nuestra provincias se arruinarían necesariamente, resultando acaso aquí la desunción  y la rivalidad entre ellas” (Agüero). Pero Moreno estaba urgido por apresurar y forzar las cosas en beneficio exclusivo de la oligarquía comercial porteña. Sin embargo, las resistencias que levanta provocan a corto plazo su caída. Y surge así la Junta Grande  como transacción nacional entre Buenos Aires y el Interior. Se da cabida a la representación provincial usurpada. En adelante la historia rioplatense será en gran medida una lucha tenaz, móvil, entrecruzada, entre dos grandes tendencias que se disputarán el control de Buenos Aires. Una, la de Moreno, francamente unitaria, proseguida después por Rivadavia y Mitre. Otra, porteña pero más nacional, más atenta a los intereses del Interior, con Saavedra, luego Dorrego y Rosas. Y recién ahora estamos en condiciones de aprehender y señalar en su plenitud el significado propio de Artigas, el “tercer hombre”, el auténtico tercero en discordia que terminará excluido.
El primer conflicto de Artigas con Buenos Aires estalla a poco de la Batalla de las Piedras, al establecerse las bases del armisticio entre la Junta y el Montevideo sitiado, por presión de Lord Strangford y las fuerzas portuguesas. Es el primer abandono de los orientales a su suerte hecho por Buenos Aires. Se levanta así el éxodo total, la “Redota” del pueblo en armas que sigue a su proclamado Jefe, rompiéndose el pacto no expreso con Buenos Aires. Y desde el Ayuí Artigas irá asumiendo su rol protagónico de intérprete de la voluntad provincial.
Es en el Ayuí que nace prácticamente el federalismo, y frente al centralismo porteño se señala que “la soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada como objeto único de nuestra revolución”. De ahí que ya para la concurrencia a la Asamblea del año XIII se fije clara posición: la provincia sólo “queda sujeta a la Constitución que emane y resulte del soberano Congreso Gral. de la Nación” y se formula la exigencia de Independencia de España y la Corona. Pero las Instrucciones van todavía más a fondo, determinando “Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires donde resida el sitio del Gobierno de la Provincias Unidas”, a lo que se agrega la habilitación de los puertos de Colonia y Maldonado y la liquidación de las tasas o derechos sobre productos de una provincia exportados a la otra y de los diversos gravámenes sobre la navegación de cabotaje. Era una manera de mellar el monopolio portuario bonaerense. Por supuesto, tal línea política sería rechazada por Buenos Aires, que ni acepta a los diputados orientales. Y las diferencias se ahondan hasta desatar una franca guerra civil, que culmina con la derrota porteña y la liberación absoluta de la Banda Oriental  por Artigas en 1815.
El año 1815 es el ápice del poder artiguista. El momento de la Liga de los Pueblos Libres bajo la protección de Artigas, y que comprende a las provincias Orientales, Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Córdoba. A su frente, Buenos Aires que sólo controlaba a medias al Cuyo, Tucumán, Salta y la Rioja, reúne el Congreso monárquico de Tucumán y elije a Pueyrredón Director Supremo de las Provincias Unidas de la Unión del Sur. El país estaba así dividido, pero la balanza del poder se inclinaba hacia la Federación.
Se suceden entonces los acontecimientos trágicos y decisivos de 1816. En ellos la política británica juega un rol primordial. La oligarquía comercial bonaerense estaba jaqueada y había que desconyuntar al federalismo provincial que era proteccionista (como lo atestigua el reglamento aduanero general de setiembre de 1815 dictado por Artigas). Río de Janeiro era entonces el baluarte portugués de la política inglesa;  y así se produce la invasión portuguesa planeada por el general Beresford, el mismo actor de las invasiones inglesas al Río de la Plata en 1806. Se debía consolidar a Buenos Aires segregando rápidamente al Uruguay. Con esta separación, las Provincias Unidas estaban inexorablemente condenadas al puerto único de Buenos Aires. El país sería un embudo con una sola salida y el federalismo impotente ante el monopolio bonaerense, sin el respiradero de Montevideo. De tal modo, se juegan todas las piezas contra Artigas, quien debe luchar en un doble frente: portugueses y porteños.
El desenlace de la lucha se consuma en 1820. Es el año crucial de esta historia. Los portugueses dominan ya casi toda la Banda Oriental y las Misiones, abasteciéndose en Buenos Aires, e infligen a Artigas la última derrota de Tacuarembó. Casi simultáneamente, los tenientes de Artigas quiebran en Cepeda a los porteños y “la chusma ató los redomones en las verjas de la Pirámide y subió al Cabildo de Mayo”. Se celebra entonces el Pacto del Pilar, donde el entrerriano Ramírez traiciona a Artigas, pues nada se dice de recuperar la Banda Oriental y la guerra con Portugal. Luego el propio Ramírez armado por los mismos porteños vence a Artigas exhausto, quien se interna en Paraguay.
Artigas no fue al Paraguay en exilio, sino para reiniciar la lucha. Pero Paraguay, aislado del mundo por Buenos Aires, se había recluido en sí mismo por completo a través de la Dictadura del Dr. Francia. Este mantuvo una empecinada y suicida neutralidad –que terminara con el arrasamiento de la Triple Alianza–, a pesar de los anteriores e insistentes llamados de Artigas. Y es en 1820 cuando se impone definitivamente la “Pax Francia” con el fusilamiento de los federales paraguayos y su jefe Fulgencio Yegros, amigo de Artigas. Los dados están echados. Artigas quedará prisionero y desterrado treinta años. Había dicho a sus últimos hombres que regresaría. Y muchos como su fiel Andrés Latorre, esperaron inútilmente por años su retorno.
Ya en las postrimerías de su largo retiro, el viejo patriarca reafirmaba al general cordobés Paz que “los Pueyrredones y sus acólitos querían hacer de Buenos Aires una nueva Roma imperial mandando sus procónsules a gobernar a las Provincias militarmente”.  Así fue, y Mayo, con el correr del tiempo, con Mitre y Sarmiento y el martirio de los caudillos provincianos, pudo consolidar definitivamente su obra en la Guerra de la Triple Alianza. La balcanización total estuvo cumplida. Su gran adversario de dimensión nacional, Artigas, había sido destruido desde sus raíces con el apoyo anglo-portugués. Lo que siguió no fue más que la lógica de la gran frustración artiguista. Quizás por ello se cuenta que el Protector, desde el fondo de su soledad, pronunció aquellas angustiosas y terribles palabras: “Yo ya no tengo patria”.

Artigas y nosotros
La destrucción ideológica de Artigas fue sistemática. Desde los albores de su leyenda negra, con el panfleto de Cavia “El protector nominal de los Pueblos Libres”, se acumuló una inmensa literatura empeñada en sepultarle. Buenos Aires victoriosa acuñaba a través de Mitre la perfecta detracción de Artigas: “El Atila del caudillaje”.
El proceso balcanizador fue ocultado, el imperialismo disimuló su faz, Buenos Aires guardó el secreto de su poder –la apropiación de la renta nacional a través del puerto y la Aduana–  y todo quedó resumido y desfigurado en otro gran y falso combate: “Civilización y Barbarie”. Esta disyuntiva, que era el escamoteo de los vencedores, fue denunciada –aunque sus voces apagadas casi hasta hoy– por los más preclaros pensadores políticos rioplatenses del siglo pasado, José Hernández –autor del Martín Fierro– y el último Alberdi. Dejemos a éste la palabra: “El caudillaje que apareció en América con la democracia, no puede ser denigrado por los que se dicen partidarios de la democracia, sin el más torpe contrasentido. A esto responden que hay dos democracias en América, la democracia bárbara, es decir, popular, y la democracia inteligente, es decir, anti-popular; o sea, las mayorías por las minorías, la democracia es democracia, por la democracia que es oligarquía”. Y reprocha a Sarmiento no haber advertido que hay dos geografías: las de los poderes económicos y la de la naturaleza. Así, “tomó lo que era geografía política, por geografía natural” “el libro Facundo, convertido en código y catecismo de este caudillaje urbano, es dos veces peligroso, como rehabilitación de las teorías explicativas de los viejos caudillos y como ocultación y disimulación de la causa verdadera y real del caudillaje argentino ¿Cómo encontrar el remedio de un mal cuya causa se ignora y no se quiere señalar?”.
Si es perfectamente comprensible la tergiversación porteña del sentido de Artigas y su agónica sucesión, entre nosotros –Juan José de Herrera–  extinguida en la gloria sangrienta de Paysandú, cantada por todos los payadores, y que en el Interior diera sus últimas proclamas con el “bandolero” catamarqueño Felipe Varela diciendo: “¡Soldados federales! Nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay y la Unión con las demás Repúblicas Americanas”, es necesario precisar mejor las razones del anti-artiguismo del Patriciado montevideano.
Las relaciones entre Artigas y el Patriciado, siempre fueron difíciles Pero su raíz más profunda, su cisma incurable, será el Reglamento de Tierras de 1815. Pues Artigas no sólo fue el gran caudillo nacional sino también social. Nadie mejor que Artigas merece la definición de Jauretche: “el caudillo fue el sindicato del gaucho”. Su reforma agraria le malquistará para siempre con el Patriciado, será lo que no tuvo perdón. Y bajo el dominio lusitano nuestros patricios, por boca de Santiago Vázquez, recordarán, con alivio y estremecimiento, la reciente desaparición de Artigas, al que acusan de“bandido y degollador”, usurpador de propiedades y “empeño de destruir las fortunas”.
El problema de la tierra, verdaderamente crucial, y sin el cual no es posible entender la historia uruguaya, ha sido soslayado. La endémica situación caótica de poseedores y propietarios está en fondo de casi todas nuestras revoluciones hasta fines del siglo XIX. No hay duda que la reforma agraria artiguista tuvo enormes proyecciones, y puedo apuntar que aún en 1884 a P. Bustamante le sorprendía la osadía de quienes reclamaban derechos invocando “donaciones” de Artigas. Y de muestra final, baste indicar que todavía hoy el Banco Hipotecario del Uruguay no considera válidas  las salidas fiscales originadas en mercedes de tierras del gobierno de Artigas, y sí acepta, por ejemplo, las provenientes del ocupante portugués Barón de la Laguna.
La resurrección de Artigas en la conciencia oriental fue larga y escabrosa. Las vigencias de nuestro patriciado le eran contrarias –los mitos unitarios estaban reforzados por la tradición de la Defensa de Montevideo- y habían calado hasta su adversarios. Esta realidad se refleja en los manuales de historia finiseculares, como el de Berra, mitrista cabal. Fue especialmente a partir de 1880, cuando quedó estabilizada la balcanización general latinoamericana, que se comenzó a sentir la necesidad de consolidar una conciencia uruguaya común superando el cisma interior de blancos y colorados. Y fue tomando vuelo así el regreso de Artigas. Un regreso singular y distinto. Ahora sería el gran mito unificador del país.
¡Los temores inamistosos y certeros de un Juan Carlos Gómez o un Melián Lafinur de ver transfigurado a Artigas en un edulcorado Washington o Jefferson se han cumplido! Un Uruguay separado del resto de América Latina, quitando además a Artigas su dimensión social, debía endiosar a un Artigas abstracto, inofensivo, jurista, poseedor de las Tablas de la Ley. Reducido a un antecedente mítico de nuestra estructura jurídica. Nuestro Solón, o Moisés, o Licurgo. ¡Es la última victoria de Mayo!
Pero ¿qué es lo que nos importa y nos llama hoy de Artigas? Quizás por primera vez nos convoca su verdad total. Y ello es muy lógico. El signo de nuestros tiempos ha cambiado, junto con todas las condiciones históricas. Es el fin de los Imperios coloniales, y despiertan los procesos nacionales de los llamados eufemísticamente “países subdesarrollados”. Es la quiebra de la dependencia y la alienación. También aquí en América Latina estamos en el nuevo esencial viraje, en las primicias finales de la balcanización. Soplan ya vientos nacionales. La masa continental se mueve en profundidad, aunque la superficie esté apenas picada. Una inmensa frustración ha sido nuestra historia. La frustración comenzó en el siglo pasado, cuando una gran nación hispanoamericana en vías de formación (España e Indias) quedó desconyuntada por el embate de Francia e Inglaterra. Así, el último esfuerzo de la burguesía democrática española plasmado en la Constitución de Cádiz del año XII, que reconocía la Nación como reunión integral e igualitaria de “ambos hemisferios”, fue un canto del cisne, ahogado además por la reacción absolutista de Fernando. La separación de España y América del Sur fue ya irrevocable. A su vez,  es el tiempo en que Bolívar, San Martín, Artigas, intentan salvar la emergencia de una nueva gran nación unida latinoamericana. Este propósito también quedó trunco, por la confluencia de una incontrastable serie de de factores externos e internos. Desde entonces Latinoamérica queda envuelta en el sopor balcanizador, incapaz de comprenderse como totalidad, dividida en una veintena, impotente y aislacionista de Estados Parroquiales, para usar la expresión de Toynbee. Estados Parroquiales y no Nacionales, pues la nación quedó inconclusa y deshecha. Cada oligarquía comercial se fijó el control de su comarca. Hubo tantos países como ciudades importantes. Esto se ha prolongado hasta nuestros días. Y esto es lo que hoy está en crisis.
Si el primer beneficiario del desmembramiento fue Inglaterra, el sucesor actual radica en el Norte de América. Los Estados Unidos son el nuevo gran usufructuario; pero las exigencias del desarrollo industrial autónomo, el crecimiento demográfico, la rapidez de las comunicaciones comienzan a provocar el estallido de las encapsuladas “historias parroquiales” y el horizonte vuelve a tomar ante las conciencias despiertas la figura global de Latinoamérica.
Una gran misión nacional latinoamericana golpea nuestras puertas. Las antiguas historia de campanario, raquíticas, se hinchan, desbordan su contenido. Pues todos los países latinoamericanos tienen “cola de paja” y la nuestra –como no la viera un autor–  tiene el nombre de Artigas, se define como la cuestión nacional. No se podrá en adelante encabezar un homenaje como lo hiciera Gustavo Gallinal en el centenario: “Pierde valor la discusión de sí fue el fundador o precursor de la nacionalidad oriental. El título no interesa”. Y tanto no ha interesado, que el mismo monumento que vemos, en la Plaza Independencia dice lacónicamente: Artigas”. ¿Por qué ninguna otra explicación? Quienes lo decretaron no se pusieron de acuerdo y optaron por no poner ninguna leyenda ¡Grave mutismo! ¿Tan difícil es el enigma?
El viraje de nuestra historia, la que estamos aquí y ahora viviendo, es el retorno fatal, aunque muchos no lo sepan, al proceso latinoamericano. Aparecen las señales, los augurios del ocaso de la fragmentación. Y por eso el secreto de Artigas está a la vista, imponiendo ser reasumido a la altura de estos tiempos, bajo las nuevas formas históricas. Años atrás un poeta lo barruntaba: en su canto secular le reitera a Artigas: “No vuelvas. Volverás siempre”, y la contestación es:Mírame. Si alumbro, es para enseñar que de la inmortalidad se vuelve siempre”.
Alberto Methol Ferré

ALBERTO METHOL FERRÉ Y EL DEPORTE

HACE TIEMPO NO HABLAMOS DE ESTE GRAN INTELECTUAL URUGUAYO. SIN EMBARGO, COMO NOS PROPONEMOS SEGUIR MANTENIENDO VIVA SU MEMORIA Y SU TRABAJO, QUISIERAMOS QUE TODOS AQUELLOS QUE RECIBEN EL BLOG, Y QUE CONOCEN DE SU VIDA Y SU LABOR, NOS COMENTEN SOBRE SU AFICIÓN AL DEPORTE, SOBRE TODO EN ESTA ÉPOCA DONDE ESTAMOS DÍA A DÍA VIVIENDO LA OLIMPIADA, DE ESTE AÑO 2012 EN GRAN BRETAÑA..

SERÍA BUENO EL SABER SI PERTENECIÓ A ALGÚN EQUIPO DEPORTIVO,¿ QUE HABLÓ AL RESPECTO?. PORQUE ES ASÍ COMO DESDE EL AYER, HACEMOS INTEMPORAL SU PENSAMIENTO  Y  VIDA. 

ESPERO QUE COLABOREN GRACIAS. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

El HOMBRE QUE PROTEGIÓ SIN MIEDOS....

" De América soy Hijo y a ella me debo"  José Martí.


PARA ustedes los que leen  este blog, para no olvidar,  hecho especialmente para un buen intelectual y sobre todo un hombre con grandes valores humanos. Hombre que fue capaz  de proteger a compañeros que huían de la persecución de la dictadura Militar que golpeó con saña al pueblo oriental.

 Uno de ellos contó  que, aún con los temores propios de la situación  que enfrentaba,   lo que más le impresionó, fue aquella biblioteca  enorme que tenía Methol Ferré  en su casa,   le impacto aquel intelectual... aquel oriental que sin miedos, lo protegió.

Y destacamos, con todo respeto,   las palabras dichas por otro uruguayo, al hablar sobre Artigas:

¡ CUIDADO CON AQUELLOS QUE DESCONOCEN LA HISTORIA!¡CUIDADO  CON LOS QUE , creyéndose iluminados por la verdad, siempre circunstancial,reprueban o descartan  el pasado,  echando tierra, sobre lo bueno y lo malo  que esa historia tiene! Rafael Michelini 1993 Cámara de Representantes.

Dedicamos  entonces al profesor Methol Ferré  este fragmento:

  "Cuando su cuerpo baja
exánime  a la tierra que lo cubre ambiciosa, 
no digaís que reposa,
pues por la Patria en pie resplandece y trabaja"....

poeta cubano Nicolás Guillén fragmento de  su poema La Sangre Numerosa,de su libro Tengo, dedicada a Eduardo García, miliciano  que al morir ametrallado por la aviación yanki en abril de 1961 en Playa Girón, escribe con su sangre el nombre de Fidel.






lunes, 2 de enero de 2012

VIGENCIA DEL PENSAMIENTO ARTIGUISTA EN EL DEBATE POLÍTICO ACTUAL : LAS IDEAS DE METHOL FERRÉ


VIGENCIA DEL PENSAMIENTO ARTIGUISTA EN EL DEBATE POLÍTICO  ACTUAL : LAS IDEAS DE METHOL FERRÉ





ARTIGAS VUELVE

                                                                                                                   Montevideo, 30 de diciembre del 2011  

Coordinador del Espacio Methol de la Fundación Vivian Trías
Carta Abierta de José E. Díaz
y Luis Vignolo a Hugo Chumbita sobre el “Instituto Dorrego”

                  "los americanos del sur, están dispuestos a defender su patria"
                                                                                         José Artigas
                                             Proclama de Mercedes, 11 de abril de 1811

Estimado Hugo Chumbita:

Es un gran placer volver a mantenernos en comunicación contigo luego de que nos conocieras en muy distintas circunstancias, a uno de nosotros, en Barcelona, durante el exilio que nos impusieron las últimas dictaduras, y, a otro, más recientemente, en el II Encuentro de Revisionismo Histórico “José Artigas” organizado este año por el “Instituto Dorrego” en la Universidad Nacional de Lanús
Estamos al tanto de la polémica pública que se ha desatado en relación con la creación del Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego” y no queremos ser ajenos a este debate que nos concierne enteramente. Por tal motivo hemos decidido que en la primera reunión del año próximo del Consejo Director de la Fundación Vivian Trías, plantearemos la idea de colaborar con el “Instituto Dorrego”, con un objetivo específico: promover la investigación y el esclarecimiento del verdadero significado de las Instrucciones del Año XIII e impulsar, conjuntamente, la conmemoración de su bicentenario, por ser un documento esencial del artiguismo que constituye, a nuestro modesto entender, una declaratoria de la independencia rioplatense -anterior en tres años a la de 1816-, una proclama de organización republicana, y es a la vez el primer proyecto de Constitución Federal de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de la que formábamos parte, incluyéndose en ellas las Misiones Orientales, hoy riograndenses.

Como la propuesta aún no la hemos planteado en el Consejo Directivo te escribimos adelantándote la idea  para que, si te parece apropiada, también puedas conversar al respecto con los demás integrantes del “Instituto Dorrego”. 

Querríamos contribuir a un mejor conocimiento de los orígenes del federalismo en la Cuenca del Plata -desde la adhesión de Artigas al movimiento juntista en tiempos de la Junta Grande que incorporó a los diputados del interior- y su vigencia esencial en un tiempo como el actual, decisivo para la unidad de nuestros pueblos. Es nuestra intención lograr no solamente la cooperación en este proyecto entre la Fundación Vivian Trías y el “Instituto Dorrego”, sino también la colaboración de personalidades e instituciones brasileñas, paraguayas, bolivianas y de otras partes de América Latina. 

Necesitamos, estimado Hugo, una revolución cultural suramericana para la que, como decía Vivian Trías: “el artiguismo…(no sea) un recuerdo, sino un programa”. Y agregaba: “La Patria Grande era su sueño. El artiguismo ha trascendido el significado de un ciclo en la historia rioplatense. A través del tiempo, ha ido adquiriendo la jerarquía de una concepción programática para el futuro”.

La polémica desatada en torno al” Instituto Dorrego” es, al fin de cuentas, la continuación de los debates ya centenarios sobre nuestra historia. Aún hoy es dominante la vieja visión oficial, mitrista y oligárquica del pasado. Y la consecuencia peor de la interpretación mitrista y “unitaria” es la persistente balcanización del conocimiento sobre  nosotros mismos. Implica la supervivencia de miradas fragmentadas que dificultan la autoconciencia de que somos una gran Patria suramericana y latinoamericana-caribeña inconclusa. 

Necesitamos comprender nuestras raíces uniendo lo que la diplomacia inglesa separó tanto en los hechos como en las conciencias.

No es extraño que algunos de los debates actuales sobre nuestro pasado evidencien la voluntad de abusar del relato histórico para mantenernos divididos y sometidos.

Cuando el ex presidente uruguayo Jorge Batlle sostiene que el legado esencial de Artigas sería el Tratado de Comercio con Gran Bretaña (omitiendo mencionar que la corona británica rechazó ese acuerdo), se está dando a entender que Artigas en lugar de haber sido uno de los padres de la Patria Grande -quien formuló el programa del federalismo rioplatense desde bases populares, planeó llevar sus ejércitos al Perú y mantuvo correspondencia con Bolívar y San Martín-, habría sido en cambio el precursor del TLC con Estados Unidos, que algunos enemigos del MERCOSUR y de la unidad latinoamericana con terquedad siguen impulsando, a pesar de la honda crisis financiera y económica que desde el 2008 sacude a Estados Unidos y Europa.

Un sentido semejante tiene la intervención del ex presidente uruguayo Julio Mª. Sanguinetti en la polémica sobre el “ Instituto Dorrego”, como se evidencia en la descalificación que hace de Rosas y en la reivindicación de Caseros, omitiendo toda mención a la intervención y agresión imperial de las flotas de guerra inglesa y francesa. Es necesario recordar lo que sobre Rosas decía nuestro Vivian Trías: “La defensa intransigente, porfiada, de la soberanía nacional y del derecho de los pueblos americanos a disponer de su destino frente a las intervenciones voraces de los imperialismos europeos, es la culminación del rosismo”. Y profundizaba el concepto afirmando: “Rosas es una fase en la larga lucha de América Latina por la Patria Grande y, por ende, se incorpora al futuro que nuestros pueblos todavía esperan”. Queda claro que en el artículo del ex mandatario Sanguinetti, a pesar de su pretendida “objetividad”, se está ante la repetición de la vieja monserga mitrista y “unitaria”, pero esencialmente divisionista y anti-federal, balcanizadora de nuestra América, en las antípodas del artiguismo y “su sistema”. 

"Todo historiador es filósofo" como escribió Alberto Methol Ferré en su obra "La Dialética Hombre - Naturaleza", y una de las falsificaciones más perniciosas de los investigadores presuntamente impolutos es la ocultación de la filosofía de la historia que implícitamente asumen en sus textos. Como a la vez esa concepción subyacente está al servicio consciente o inconsciente del mantenimiento de la disgregación de nuestros pueblos, es necesario llevar a la luz el debate discutiendo los datos y documentos comprobables, pero a la vez exponiendo los presupuestos filosóficos en que se apoya la interpretación de lo fáctico.

Mientras te escribimos estas líneas se ha desatado una polémica por la justa y digna decisión del gobierno uruguayo de prohibir el acceso al puerto de Montevideo de los barcos con la bandera del enclave colonial británico en las Malvinas. Postura que  ha dado lugar a una declaración de solidaridad del “Instituto Dorrego” con el actual gobierno uruguayo del presidente José Mujica. 


Hoy como “americanos del sur”, al decir de Artigas, nos sentimos orgullosos de que nuestro gobierno impida el ingreso al puerto de Montevideo de buques con la bandera colonial de las mal llamadas Falkland (es decir de las Malvinas). No nos intimidan las presiones británicas, ni menos aún nos preocupa la oposición a la decisión soberana de nuestro gobierno por parte de algunos políticos uruguayos como el ex presidente uruguayo Luís A. Lacalle. A la vez aguardamos esperanzados que los demás gobiernos latinoamericanos en conjunto tomen una decisión compartida que limite real y eficazmente el comercio entre los puertos latinoamericanos y las Malvinas, mientras subsista la ocupación colonial británica. 

Nos mantedremos en comunicación contigo y los demás miembros de la institución, para tratar de concretar el proyecto de cooperación antes mencionado entre la Fundación Vivian Trías y el “Instituto Dorrego”, una vez que el Consejo Director de la Fundación se reúna y resuelva sobre la propuesta.

Te hacemos llegar nuestros saludos plenos de esperanza, a pesar de todos los contratiempos, sinsabores y dolores con los que la vida nos golpea cada día, porque sabemos como decía Carlos Quijano que “la patria grande ha tenido una conmovedora tenacidad. Nadie ha podido borrarla de Nuestra América. Ha sido nuestro perdido bien y nuestra tierra prometida”. Que así sea, y es nuestra convicción que así será. 






José E. Díaz
Presidente de la Fundación Vivian Trías
        
Luis Vignolo
Coordinador del Espacio Methol de la Fundación Vivian Trías